1ª Corintios 12:27 “Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro en particular”.
A lo largo de la Biblia se nos muestra diferentes metáforas que explican cuál es nuestra identidad como hijos y pueblo de Dios. Nosotros somos la luz del mundo, la sal de la tierra, también somos la familia, la novia o el rebaño. En esta ocasión debido a los conflictos y las divisiones que existían dentro de la iglesia de Corinto Pablo les recordó a todos los creyentes que nosotros somos además el cuerpo de Cristo. Un cuerpo está formado por muchos miembros, pero todos están completamente unidos y coordinados para que el cuerpo funcione correctamente. A través de este precioso ejemplo Pablo pretendía mostrarnos la importancia que tenemos cada uno de nosotros en el cuerpo del Señor.
Somos nosotros los que pensamos que hay partes del cuerpo que son más importantes o necesarias que otras, somos nosotros los que pensamos que podemos vivir sin algún miembro, pero esto no es cierto y tampoco es la voluntad del Señor. Dios quiere que todo su cuerpo este completamente unido, que nos cuidemos unos a otros, que experimentemos el sufrimiento, pero también la honra de los otros. En medio de una sociedad individualista y egocéntrica, nosotros, el pueblo de Dios, tenemos que tener mentalidad de cuerpo para ayudarnos, amarnos y mostrar el mensaje del evangelio a través de nuestras relaciones.
El Señor nos ha unido por medio de su Espíritu y a través de su Espíritu nos ha dado dones y capacidades a cada uno de los miembros para que juntos podamos edificarnos unos a otros y extendamos el Reino de Dios por toda la tierra. Nuestra responsabilidad como creyentes es orar, cuidar y proteger el cuerpo de Cristo. Valora a cada uno de los hermanos en la fe que tienes a tu lado y esfuérzate de manera personal por cuidar y santificar a la iglesia donde el Señor te ha puesto como parte de su cuerpo.