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1ª Timoteo 5:20

1ª Timoteo 5:20 “A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman”.
 
El pecado es como un cáncer que si no es tratado a tiempo, poco a poco avanza hasta hacer metástasis y producir la muerte. De la misma manera todos aquellos que no confiesan su pecado y no se arrepienten con el paso del tiempo pueden morir espiritualmente. Son muchos los cristianos que comienzan jugando con el pecado y con el paso de los meses llegan al terrible terreno de la decadencia espiritual. Cuando te encuentras en ese lugar no sientes la presencia de Dios y el Espíritu Santo está contristado y apagado en el interior.
 
La Biblia nos advierte que debemos de ser muy serios y radicales en nuestra lucha contra el pecado. Jesús dijo que cortemos todo aquello que es de tropiezo para nuestras vidas, y el Apóstol Pablo le escribió a Timoteo diciéndole cómo debía de tratar a aquellos que persistían en pecar sin ningún tipo de arrepentimiento. En ocasiones cuando ya hemos realizado todo el proceso que se nos muestra en el evangelio de Mateo, (exhortar en privado y luego con testigos) si la persona continúa pecando tendremos que exponerlo en público.
 
Esto fue precisamente lo que Dios hizo con Ananías y Safira, este matrimonio trató de engañar al Espíritu Santo y terminaron muriendo ante la mirada de toda la congregación. El propósito de Dios con este castigo era producir temor en los corazones tanto de los creyentes como de los incrédulos. La disciplina publica es necesaria para que todos entendamos que estar en Dios es algo serio. No podemos estar coqueteando con los placeres del mundo y practicando el pecado sin pensar que nada sucederá. El pecado siempre trae consecuencias, por ese motivo, jamás debemos olvidar que, si no matamos al pecado, el pecado nos matará a nosotros.

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