1º Reyes 6:7 “Cuando se edificó la Casa, la construyeron con piedras que traían talladas, de tal manera que no se oyeron en la Casa ni martillos ni hachas, ni ningún otro instrumento de hierro, mientras la edificaban”.
Salomón dio inicio a la edificación del grandioso templo que construyó para el Señor en Jerusalén. Esta casa era muchísimo más grande que el tabernáculo móvil que usaban los Israelitas durante la peregrinación. A lo largo de este capítulo se nos describe con muchos detalles todas las características e incluso las medidas exactas que tenía este inmenso templo.
Curiosamente, cada una de las piedras que fueron usadas para la construcción llegaban al lugar talladas, eran tan perfectas que durante la edificación no se escuchaban los golpes ni el ruido de ninguna herramienta. De la misma manera la Biblia compara a todos los creyentes como las piedras del templo espiritual que Dios está edificando. Cada uno de aquellos que somos hijos de Dios en este tiempo estamos siendo golpeados, moldeados y perfeccionados a través del hermoso proceso de la santificación.
Cuando crucemos la frontera de la muerte, llegaremos a un lugar donde tampoco se oirán los ruidos de los golpes, el martillo o el cincel. Al otro lado de la eternidad dejaremos de sufrir para siempre, todos seremos como las piedras perfectas que formaron el maravilloso templo de Salomón. Deja que el Espíritu Santo siga moldeando y transformando tu vida. Nosotros, debido al pecado, éramos piedras inservibles, pero el Señor como un buen constructor a través de su amor y de su gracia nos ha ido transformando para que seamos parte de su templo, de su pueblo y de su familia.
