2ª Corintios 7:1

2ª Corintios 7:1 “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de todo lo que contamine el cuerpo y el espíritu, y perfeccionémonos en la santidad en el temor de Dios”.
 
Pablo les recordó a todos los creyentes de corinto las diferentes promesas que tenemos aquellos que pertenecemos al pueblo de Dios. La intención del apóstol era animar a todos a crecer en el proceso de la santificación. Son las promesas y las bendiciones que nos esperan en la eternidad las que deberían de animarnos, motivarnos e impulsarnos a luchar contra las tentaciones y el pecado. Los cristianos nos negamos a nosotros mismos, cargamos nuestra cruz y caminamos a contra corriente porque tenemos la seguridad que tras la muerte nos espera un glorioso futuro.
 
Sabemos que la santificación es una obra de la gracia de Dios, pero no debemos olvidar que los creyentes somos responsables de buscar activamente la santidad. Aquellos que hemos sido regenerados por el Espíritu Santo ahora podemos trabajar con Dios en nuestra santificación. Nosotros debemos limpiarnos de todo aquello que trata de contaminar nuestro cuerpo y el alma. Para ayudarnos Pablo presentó dos argumentos muy poderosos y útiles, el primero son las promesas que tenemos gracias a Cristo y el segundo es el temor de Dios.
 
Cuando somos conscientes que vivimos ante la atenta mirada de Dios podemos resistir la tentación y permanecer firmes en el terreno de la santidad. Solo de esta manera podremos perfeccionarnos en la santificación y ser cada vez más como Jesús. Si deseas ser libre del pecado y tener la capacidad para huir de las tentaciones que el diablo y el mundo te presentan, recuerda en todo momento las promesas que te esperan y camina cada día con temor de Dios en tu corazón.