2º Reyes 14:5 “Los lugares altos no fueron quitados, pues el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en ellos”.
El pueblo de Israel a pesar de experimentar la gracia, la misericordia y la fidelidad del Señor, en ocasiones seguían manteniendo los altares a los dioses paganos. Las naciones que conquistaron e influenciaron a Israel se encargaron de dejar la idolatría por varios lugares de la ciudad. Los israelitas lo primero que deberían de haber hecho es quitar y destruir los altares y los ídolos, pero por el contrario fueron permisivos, los dejaron, e incluso se nos dice que en ocasiones sacrificaban y quemaban incienso a ellos.
Cuando Dios se presenta con su amor y nos rescata del sistema pecaminoso de este mundo lo hace para que podamos vivir y experimentar la verdadera libertad. Dios rompe nuestras cadenas y nos restaura por medio de su gracia porque Él desea salvar a un pueblo para la alabanza de la gloria de su nombre. Aquellos que hemos creído en Cristo tenemos un llamado a la gloria, la honra y la inmortalidad. Recuerda que la Biblia dice que no somos ciudadanos de este mundo, simplemente estamos como peregrinos porque nuestra ciudadanía se encuentra en los cielos.
No seas como los israelitas, destruye los altares y los ídolos que el diablo tratará de introducir en lo más profundo de tu corazón. Cuando somos rescatados del mundo debemos analizar muy bien si algo del mundo ha quedado establecido en nuestro interior. Como dijo Calvino: “nuestro corazón es una fábrica de ídolos”. Por ese motivo constantemente debemos estar derribando altares para adorar única y exclusivamente al Dios que nos amó, nos liberó y nos salvó.
