“Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incienso, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto” Apocalipsis 8:4 y 5

En este capítulo y en el siguiente se nos describe como será el juicio y castigo que este mundo recibirá en los últimos tiempos. Mientras que en el Vs 4 las oraciones de los santos suben de la tierra hasta el cielo, en el Vs 5 la ira de Dios desciende del cielo hacia la tierra.

De la misma manera sucedió en los días de Noé, este hombre clamó e intercedió durante años por su generación, pero hubo un momento donde la paciencia y la misericordia del Señor llegó a su fin y envío el diluvio. Siempre hablamos de la misericordia de Dios que es nueva cada mañana, nos encanta el salmo que nos recuerda que “para siempre es su misericordia” pero a veces pasamos por alto, se nos olvida e incluso no somos capaces de decirle a las personas que nos rodean que la misericordia de Dios para con este mundo un día se acabará.

Dentro de poco los creyentes oiremos el maravilloso toque de trompeta que nos recordará que Cristo está regresando por su pueblo, pero también dentro de muy poco los incrédulos oirán el terrible toque de trompeta con el que vendrán truenos, relámpagos, terremotos y la destrucción final.

Al igual que hizo Noé, que tú oración por los que se pierden continúe subiendo cada día ante el trono del Señor. Aún es tiempo de clamar y rogar a Dios para que siga salvando y teniendo misericordia de aquellos que realmente no merecemos su misericordia.

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