“Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aún así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oir, ni andar; y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos” Apocalipsis 9:20 y 21

Estos pasajes me producen tristeza, pero no solo por pensar en el dolor y en el sufrimiento que vendrá en el final de los tiempos, sino especialmente al ver como la depravación y la dureza del corazón del ser humano se mantendrá a pesar del juicio y el castigo de Dios.

El hombre sin la Gracia Irresistible de Dios jamás dará su brazo a torcer, el pecado ha afectado tanto a la humanidad que no queremos y a la vez no podemos reconocer el Señorío de Cristo sin la intervención y el llamado efectivo que realiza el Espíritu Santo.

Los pasajes de Apocalipsis que describen el terror, la destrucción y la agonía del fin de los tiempos son realmente duros y a todos nos estremecen, pero todos estos textos también tenemos que leerlos sin dejar de pensar en la Gracia, la Misericordia y el Amor tan grande que ha tenido Dios para con su pueblo.

Qué descanso, que gozo y que seguridad nos produce saber que al igual que sucedió en los tiempos de Egipto en los dinteles de nuestro corazón se encuentra la sangre de Cristo la cual nos libera de la muerte y de la destrucción. Cada uno de los Hijos de Dios podemos mirar hacia el futuro y leer apocalipsis con paz y esperanza.

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