Toda tú eres hermosa, amiga mía, Y en ti no hay mancha. Cantares 4:7

En este capítulo el amado se dedica a cortejar, admirar y piropear a su amada. Se encuentra completamente enamorado y nos describe la belleza de sus (ojos, cabellos, dientes, labios, mejillas, cuello…)

Me parece increíble y a la vez me sorprende muchísimo pensar y creer que esa es la relación, admiración y pasión que siente Cristo al mirar a su Iglesia, a su amada, en definitiva a todos nosotros que formamos parte de su Iglesia Universal.

La Biblia nos dice “como Cristo amó a su iglesia”. Jesús al igual que sucede en las buenas películas románticas estuvo dispuesto a sacrificarse e incluso a morir por ella. En este tiempo por medio del Espíritu Santo la está perfeccionando y santificando para dentro de muy poco venir por ella y llevarla por siempre a su presencia.

Qué maravilloso, afortunados y privilegiados podemos sentirnos al saber que tenemos un amado que nos cuida, nos sostiene, nos protege, nos guía y sobre todo nos ama con un amor eterno.