Colosenses 3:23

Colosenses 3:23 “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no como para la gente”.

Pablo finaliza este capítulo mostrando como debían de ser las relaciones personales entre creyentes en el contexto del hogar. Se nos muestra cual es el rol y la función de la esposa hacia el esposo, del esposo hacia la esposa, los hijos hacia los padres y los padres hacia los hijos. Cada uno de ellos tiene un llamado diferente, por ejemplo, en el caso de la esposa debe sujetarse a su marido, por el contrario, el marido debe amar a su esposa. Los hijos que aún viven en la casa deben obedecer a sus padres y los padres tienen que intentar no exasperar a sus hijos.

Pablo sabía muy bien que todo esto sería realmente difícil hacerlo ya que nuestras relaciones no son perfectas. Nos encontramos en medio de un mundo caído donde todos luchamos con los restos de la naturaleza pecaminosa que queda en nuestro interior. En ocasiones en el contexto del hogar solemos experimentar conflictos, falta de comunicación o de amor. Todo esto hace que sea muy complicado que podamos hacer aquello que la palabra nos demanda a cada uno de nosotros; pero, el Apóstol Pablo no solo nos presenta una lista con las responsabilidades que cada uno tenemos, lo más importante es que él nos ofrece el secreto y la clave para poder vivir de esta manera.

Todo lo que nosotros hacemos debemos hacerlo pensando siempre que es para el Señor. El cristiano no hace las cosas para agradar a las personas sino para agradar al Dios que nos observa en todo momento. Nosotros no actuamos según como otros actúen. Esta es la gran diferencia que existe entre los creyentes y los incrédulos. Nosotros obedecemos la voluntad de Dios y lo que él nos pide porque deseamos darle la gloria a Dios a través de nuestras vidas. Esta es la única manera en la que podremos obedecer, someternos e incluso amar a aquellos que nos están tratando mal o no se lo merecen.