“La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de las lluvias del cielo” Deuteronomio 11:11

A lo largo de este capitulo se describe como era la anhelada tierra prometida que el pueblo de Israel había estado esperando durante tanto tiempo. Me imagino la felicidad, la ilusión y la expectación de cada uno de los israelitas a pocos metros de poseer por fin el lugar de bendición, seguridad y prosperidad que Dios les estaba entregando en su gracia y misericordia.

De la misma manera cada uno de nosotros también caminamos y avanzamos hacia un lugar realmente maravilloso. La nueva tierra donde viviremos por toda la eternidad será una tierra que se escapa de nuestra imaginación. Ni en nuestros mejores sueños podríamos ver todo lo que nos espera en el lugar que Dios tiene preparado para cada uno de sus hijos. Esta es una realidad y una certeza en la que deberíamos meditar mucho más. En medio de los terribles desiertos por los que estamos avanzando no podemos perder de vista la tierra que vemos al final de nuestro horizonte.

Aquellos que hemos sido rescatados y redimidos por Cristo alcanzaremos la eternidad, en esa tierra de bendición no habrá llanto, dolor, ni tristeza. Pero lo más importante no son todas las cosas que tendremos allí. Lo más importante, lo que debe animarte en este nuevo día y darte fuerzas para seguir luchando y corriendo hacia la meta, es saber que en la tierra se encuentra nuestro amado Señor Jesucristo. De la misma manera que la novia el día de la boda solo desea encontrarse con el novio, nosotros solo debemos anhelar y soñar encontrarnos con Cristo. Sea lo que sea que estés viviendo en estos momentos no dejes de pensar en la tierra, la corona, la herencia y el Dios Padre que te está esperando para entregarte todo su amor por la eternidad.