“Y acuérdate de que fuiste siervo en Egipto; por tanto, guardarás y cumplirás estos estatutos” Deuteronomio 16:12

A lo largo de todo el peregrinaje que el pueblo de Israel tuvo que realizar por el desierto hasta la tierra prometida, Dios les dijo en varias ocasiones que no olvidaran jamás de donde habían sido liberados y rescatados. Ellos no podían olvidar el sufrimiento de Egipto para ser conscientes del amor, la gracia y la misericordia que el Señor había tenido con sus vidas.

En ocasiones no apreciamos ni valoramos las impresionantes bendiciones que tenemos como hijos de Dios porque se nos olvida como era nuestro estado espiritual en el Egipto de este mundo. Tu y yo éramos esclavos de la maldad, del egoísmo, del pecado y del diablo, pero Cristo vino, nos rescató y nos hizo completamente libres.

A veces con el paso del tiempo cuando llevamos años como creyentes perdemos la chispa de la pasión y dejamos a un lado nuestro primer amor porque ya no miramos hacia atrás. Por supuesto que nuestra mirada siempre debe estar hacia adelante y hacia la gloriosa meta de la eternidad con Cristo, pero en ocasiones es bueno y necesario mirar hacia atrás para recordar donde estábamos, donde estamos y hacia donde vamos, quienes éramos, quienes somos y quienes seremos por la pura gracia y misericordia de Dios.