“Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearan, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá” Deuteronomio 21:21

Dios se mostró muy duro y exigente con el castigo que debían recibir aquellos hijos que eran rebeldes y desobedientes a sus padres. Los que no oían la voz de la corrección y tras el castigo continuaban con la misma actitud una y otra vez finalmente eran llevados a la salida del pueblo donde literalmente morían apedreados. Es una medida realmente fuerte, pero algo que todo el pueblo de Israel y nosotros debemos de tener muy en cuenta es la gran importancia que Dios le da a la honra, el respeto y la obediencia hacia los padres.

Aquellos hijos que endurecen su corazón y son capaces de menospreciar a sus propios padres seguramente con el paso del tiempo llegarán a ser personas que dañaran a otros y producirán sufrimiento en vidas, familias e incluso en la sociedad. Hoy día, gracias al Señor, ya no tenemos que tratar de esta manera a nuestros hijos rebeldes, pero debemos ser muy conscientes del enfado que Dios siente y tiene sobre todos aquellos que se rebelan contra sus padres.

Aquellos que somos padres debemos trabajar arduamente en el carácter de nuestros hijos, no ser tolerantes con el pecado, la rebeldía y la desobediencia. Por el contrario, todos los que son hijos deben entender y ser muy conscientes del valor y de la importancia que tienen los padres para Dios. Honremos y respetemos a nuestros padres para que seamos muy felices y disfrutemos de las bendecidos del cielo aquí en la tierra.