“Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de esta ley” Deuteronomio 27:8

Dios deseaba que su pueblo JAMÁS olvidara su perfecta voluntad revelada a través de la ley y los mandamientos. Israel estaba a punto de entrar a poseer la anhelada tierra prometida y el gran peligro que tenían por delante era precisamente olvidarse del Dios que los libró de Egipto. En ocasiones cuando disfrutamos de los oasis y los placeres que existen en este mundo dejamos a un lado a aquel que siempre ha estado a nuestro lado.

Gracias al Señor ahora no tenemos que escribir los mandamientos en la dura, fría e insensible piedra porque contamos con el Espíritu Santo, la tercera persona de la trinidad, que mora en nuestro interior para, precisamente, recordarnos, aconsejarnos, guiarnos y exhortarnos por medio de la ley y la voluntad de Dios revelada en su Palabra.

Gloria a Dios porque Él ha escrito su hermosa ley en nuestros corazones para que la amemos y caminemos por el desierto de este mundo con prudencia, sabiduría y temor.