”Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” Deuteronomio 29:29

Este es un versículo que me ha salvado de todas las grandes crisis de fe que he tenido a lo largo de mi caminar con el Señor. Como seres humanos, en nuestro orgullo, tratamos de analizar y entender a Dios, deseamos encontrar las respuestas a todas nuestras preguntas, pero debemos ser humildes para reconocer que somos pecadores, torpes, débiles y que nuestro conocimiento es más limitado de lo que nos imaginamos.

Conocemos de Dios lo que Él quiere que conozcamos. Es IMPOSIBLE que la criatura conozca plenamente a su Creador a este lado de la eternidad. Es IMPOSIBLE que en medio de un mundo caído conozcamos plenamente al Eterno. Dios es infinito, su grandeza, su carácter y sus misterios escapan de nuestras mentes. Debemos entender y asimilar esta realidad para simplemente confiar y descansar en su absoluta soberanía.

Hay situaciones de nuestra vida que no entenderemos porqué han sucedido, acontecimientos que no sabremos explicar, textos y pasajes de las Escrituras que pueden producir dudas e incluso confusión. En muchas ocasiones no tendremos respuestas a los misterios de Dios. Por eso es importante que aceptemos que los secretos de Dios pertenecen a Dios. Disfrutemos de todo aquello que nos ha sido revelado y dejemos lo oculto y secreto en las manos del Dios.