¿Qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aún de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad. Eclesiastés 2:22 y 23

No podemos caer en la trampa de “Vivir para trabajar” por el contrario Dios quiere que “trabajemos para vivir” . El sistema de este mundo promueve que tengamos un alto nivel de vida. El consumismo y materialismo con mucha sutileza nos atrapa y nos hace hipotecar gran parte de nuestro tiempo y de nuestros años trabajando.

El trabajo es realmente una bendición de Dios, pero cuando invertimos todas nuestras fuerzas tan solo en trabajar podemos llegar a perder de vista el verdadero sentido y propósito de la vida que es “Glorificar a Dios”.

No podemos vivir como si nunca hubiera un mañana, no podemos pensar en el presente y en nuestra jubilación y olvidarnos de lo más importante que es la eternidad. Todo lo que conseguimos por medio de nuestro trabajo finalmente es gracias al Señor que nos regala cada día aliento de vida, es su mano la que te ha sostenido desde el vientre de tu madre. No seamos necios y reconozcamos que sin él nada somos y nada podemos conseguir.