Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres: El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da la facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso. Eclesiastés 6:1 y 2

Hay personas que dedican gran parte de su vida a acumular riquezas, otros tratan de guardar con el propósito de disfrutar cuando puedan jubilarse, lo que pasa es que ninguno sabemos si vamos a llegar a la vejez y en qué condiciones lo haremos.

Dios abre su mano para que disfrutes ahora y para que compartas con otros tus bendiciones. El acumular puede cegar nuestra alma y llevarnos al error de aquel hombre que llenó sus graneros pensando en el futuro, pero esa misma noche falleció, se fue sin nada en los bolsillos y todas sus casas pasaron a las manos de otro.

Hemos de pedirle a Dios que continúe sosteniendo nuestras vidas y supliendo todo lo que nos falta, pero más importante es pedirle a Dios que nos dé sabiduría y capacidad para administrar bien nuestros recursos y poder disfrutar de todo lo que tenemos.

Por supuesto que es de sabio y de prudente guardar para el futuro, pero también es importante disfrutar el día a día con todo aquello que tu Padre Celestial te entrega.