El corazón de los sabios está en la casa del luto; más el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría. Eclesiastés 7:4

Es más fácil recordar quienes fueron las personas que estuvieron a nuestro lado en los momentos más difíciles de nuestra vida que recordar a los que estuvieron celebrando la alegría. Cuando todo va bien es fácil estar rodeado de gente, pero cuando se presenta la dificultad son muchos menos los que aparecen.

Todos desean estar en el convite de boda, pero son muy pocos los que pasan por tu casa cuando tienes una circunstancia difícil. Los cristianos, además, tristemente queremos calmar nuestras conciencias diciendo “estaré orando” y a veces ni lo hacemos. Por supuesto que no está mal orar y debemos hacerlo, pero más importante es orar junto a la persona que está afligida, es muy valioso invertir tu tiempo en visitar al hermano o a la persona que está sufriendo.

Intenta ser un verdadero cristiano y un verdadero amigo en los momentos de sufrimiento. Piensa en esta mañana a quien puedes ir a visitar. Ve a ver a las personas que Dios está poniendo ahora mismo en tu corazón para mostrarles tu ánimo, tu amor y tu apoyo. Es responsabilidad de todos cuidar al cuerpo de Cristo que es su Iglesia.