Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. Éxodo 25:2

Lo primero que debemos saber y recordar es que el Dios que creó el mundo con el poder de su palabra realmente no necesita nada del hombre y mucho menos una ofrenda. En ocasiones no entendemos bien el concepto de las ofrendas. Ofrendar es una bendición y un privilegio que Dios nos ofrece para que podamos participar y cooperar con la extensión de su Reino en el mundo.
En esta ocasión se estaba creando el tabernáculo y Dios le ofreció el privilegio a la nación de Israel de participar con parte de los bienes que habían recibido gracias a Dios. Si te paras a pensar, las ofrendas que entregamos a Dios las hemos recibido precisamente de Dios ya que Él es el dador de todo cuanto tenemos.

Ofrendar es algo realmente beneficioso también para nosotros mismos. Por medio de las ofrendas nos liberamos del terrible ídolo del dinero, del deseo de acumular, de poner nuestra identidad y seguridad en las posesiones. Cuando abrimos la mano para dar estamos matando el egoísmo para crecer en generosidad. Dios no te pide un diezmo o una cantidad especifica él como le dijo a los israelitas pide que nuestra ofrenda la demos voluntariamente no por obligación o por temor y lo más importante de corazón.