Y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo. Éxodo 26:33

Dios explicó cada uno de los detalles y características que debía tener el tabernáculo. Esta “tienda o morada” sería el lugar donde habitaría su presencia para relacionarse con el pueblo de Israel por medio del sumo sacerdote. Entre todas sus partes se encontraba el VELO que advertía de la separación que había entre el lugar santo y el santísimo. Las personas no podían atravesar ese velo bajo ningún concepto, ellos estaban separados.

Esto fue lo que precisamente produjo el pecado en la humanidad, una SEPARACIÓN con Dios. Desde que nos rebelamos con nuestro Creador en el huerto del Edén cada hombre y mujer a lo largo de los siglos ha tenido un VELO que nos separa y nos impide acudir libres y confiados a la presencia de Dios. Pero la buena y maravillosa noticia que ofrece el Evangelio es que ese VELO ha sido rasgado por medio de la obra de Cristo.

Si estás en Cristo y has experimentado el milagro del nuevo nacimiento ya no hay VELO que te separe de la presencia de Dios. Como dice la Biblia podemos acudir libres ante el trono de la gracia. Ya no existen los intermediarios entre Dios y los hombres, solo Jesús es el camino y el sacerdote que nos une con Dios, así que disfruta de la cercanía y de la relación personal que puedes tener cada día con el Señor y el salvador de tu vida.