“El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga” Éxodo 36:5

El pueblo de Israel se involucró tanto en la elaboración del tabernáculo que incluso Moisés tuvo que pedir que dejaran de ofrendar. Fue tanta la generosidad y el compromiso de los israelitas que consiguieron reunir mucho más de lo que necesitaban. Que hermoso es cuando vemos personas agradecidas derramando generosidad.

Es necesario que analicemos como estamos ofrendando y que es lo que estamos ofrendando. En ocasiones podemos convertir la ofrenda para el Señor y la extensión de su Reino en una parte más del programa dominical o en algo simplemente religioso. La ofrenda no puede ser una cuota fija que entrego cada semana, no es un instante en el que deposito unas simples monedas o billetes. La ofrenda es un acto de mi adoración hacia Dios, es una acción que realizamos no desde la cartera sino desde lo más profundo del corazón.

La ofrenda sacrificial es una de las marcas y del fruto que revelan la llenura del Espíritu Santo en nuestras vidas. Cuando somos realmente generosos estamos demostrando que tenemos nuestra mirada puesta en las cosas eternas. Abrir la mano para dar nos hace libres del amor al dinero y de las cadenas del egoísmo.

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