“Hizo también Bezaleel el arca de madera de acacia; su longitud era de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Éxodo 37:1

Entre todas las partes y utensilios con los que contaba el tabernáculo (la tienda o morada) lo más importante y valioso sin lugar a dudas era el arca del pacto.
El arca del pacto era el lugar donde habitaba y moraba la presencia de Dios.
Israel debía cuidar, proteger y valorar en gran manera el arca. Mientras ellos tuvieran el arca al frente del pueblo todo saldría bien. El arca era como un escudo contra sus enemigos y como una brújula que les guiaba en todo momento. A través del arca del pacto Dios se relacionaba y tenía un trato especial con el pueblo de Israel.

Ahora en el tiempo en el que nos encontramos viviendo la Biblia afirma que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Esta realidad es algo que se escapa de nuestras mentes finitas. Si has confesado a Cristo como tu Señor y Salvador la presencia de Dios ha venido a morar al arca de tu corazón. En tu interior habita Dios a través de la tercera persona de la trinidad. Esto es algo realmente maravilloso.

Somos portadores de la presencia de Dios, esto nos hace ser personas muy especiales y privilegiadas, pero a la vez tenemos una gran responsabilidad. Debemos cuidar al Espíritu Santo y tener una relación intima y cercana con su persona. Al igual que el arca con Israel el Espíritu Santo es el que nos cuida y nos guarda de todos nuestros enemigos, el que nos guía en medio del desierto de este mundo, Él nos habla, nos consuela, nos anima, fortalece y exhorta. Guarda y protege el arca de tu corazón porque en tu interior se encuentra la persona más importante y especial que existe.

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