“Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado; y los bendijo”. Éxodo 39:43

Después de mucho tiempo, esfuerzo y dedicación por fin los israelitas terminaron de realizar el tabernáculo para Dios. Un lugar donde el Creador del cielo y de la tierra habitaría con su presencia para relacionarse con su pueblo. Este acontecimiento me recuerda mucho al inicio de los tiempos donde de la misma manera Dios vio toda la obra que Él realizó en el huerto del Edén.

Desde el principio y hasta el fin de los tiempos Dios ha deseado acercarse y relacionarse con sus criaturas el hombre y la mujer. En el génesis lo vemos como se relacionaba en un hermoso paraíso, luego su presencia habitaba en el tabernáculo de reunión, siglos después en el templo de Salomón, más adelante Dios se hizo hombre y toda su presencia se encontraba en la persona de Jesús. Tras el regreso de Cristo al cielo Dios ha venido a morar al corazón de sus hijos por medio del Espíritu Santo, y finalmente cuando la muerte nos visite tenemos la esperanza y la seguridad que estaremos nuevamente por la eternidad cara a cara con nuestro amado Señor y Salvador.

Cada uno de nosotros somos personas imperfectas, débiles, con temores y con muchos pecados, pero a pesar de todos nuestros errores y miserias Dios en su gracia ha decidido tener una relación personal e intima con nosotros. Él constantemente nos está buscando y llamando porque desea que le conozcamos. El Eterno quiere tener un trato con tu vida con el propósito de llenar, sanar y restaurar tu alma.

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