“Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas”. Éxodo 40:38

El pueblo de Israel durante años comprobó diariamente el cuidado y la protección que Dios tenía con sus vidas. No solo su presencia se encontraba en el interior del tabernáculo, además Dios los protegía del día, de la noche y los guiaba en medio de un espantoso desierto por medio de la nube y el fuego.

Cada israelita sentía el cuidado y la protección de Dios durante las 24 horas del día, ellos tan solo tenían que levantar su cabeza para ver la gracia de Dios manifestada en la nube y en el fuego. De la misma manera miles de años después todos aquellos que somos hijos de Dios tenemos el mismo cuidado y protección. Dios no cambia, Él es inmutable y Fiel para con su pueblo.

Quizás delante de tu mirada no veas una nube o el fuego, pero recuerda que en tu interior Dios te cuida, te guía, te habla, consuela y fortalece a través de la bendita persona del Espíritu Santo. Nosotros tenemos la nube y el fuego metidos en el corazón, esto es algo realmente asombroso y maravilloso. Creer y reconocer esta verdad y realidad nos hace libres de todos los miedos y temores que se presentan a lo largo de nuestro desierto.

Podemos vencer a todos nuestros enemigos porque Dios esta en nosotros, podemos caminar con sabiduría y rectitud porque el Señor nos guía a través de su palabra. En medio de nuestros dolores, aflicciones y soledad podemos experimentar su presencia por medio de la oración. Dios ha prometido no dejarnos y no abandonarnos hasta que lleguemos a sus brazos, valora, celebra y sobre todo disfruta de esta hermosa promesa.