“Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar”. Éxodo 4:12

Si conoces la historia de Moisés podrás entender que lo que Dios en estos momentos le estaba encargando era realmente una “misión imposible”. Un anciano de 80 años de edad con una vara en su mano, debía acudir a la presencia del Faraón el hombre más poderoso de la tierra para solicitar la libertad de todos sus esclavos. Sin lugar a dudas el temor se apoderó de él y trató por todos los medios de presentar las excusas que pudo, pero al final Dios siempre obtiene lo que se propone, y si no lo crees pregúntale a Jonás.

Los creyentes y los hijos de Dios también tenemos la tarea y la misión de predicar el Evangelio, de presentar a Cristo y confrontar a las personas con sus pecados. Muchos al igual que Moisés tienen verdadero temor y ofrecen una lista de excusas para no compartir el Evangelio. Recuerda que Dios nos envía a una misión realmente imposible para el hombre “transformar el corazón del ser humano” ya que esta obra le pertenece al Espíritu Santo. Pero en esta difícil misión Él promete ir contigo, estar a tu lado y ayudarte a la hora de hablar, así que no tenemos excusa para no realizar la Gran Comisión.

Cuando Cristo ascendió a los cielos, él prometió regresar a nuestro interior por medio de la bendita y poderosa persona del Espíritu Santo. Ahora todo aquel que ha nacido de nuevo cuenta con la ayuda del Dios Eterno. El Espíritu Santo nos ha dado poder para ser “testigos” y además la Biblia nos asegura que en los momentos de mayor necesidad el Señor también pondrá sus palabras en nuestra boca. No tenemos excusa porque Dios viene con nosotros y está en nosotros, así que ánimo, no temas y predica a todas las naciones.

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