“Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto”. Éxodo 6:7

Cuanta gracia y misericordia derramó el Señor sobre Israel, probablemente una de las naciones más insignificantes a lo largo de la historia de la humanidad. Aquellos que eran extranjeros y prisioneros de Egipto pasaron a ser un pueblo libre, se convirtieron en el objeto de su amor y pudieron conocer el carácter y la belleza del Dios Eterno.

De la misma manera sucede con todos aquellos que hemos conocido a la maravillosa persona de Jesucristo. La Biblia afirma que ahora somos hijos de Dios y que formamos parte de su pueblo y de su iglesia universal en el mundo. El Señor ofrece algo muy valioso y algo súper necesario en los tiempos que estamos atravesando. Dios nos ofrece una IDENTIDAD, un sentido de pertenencia, formar parte de una familia, contar con un propósito para la vida, darnos seguridad y encontrar refugio en su amor.

De la misma manera que un hombre y una mujer se unen a través del pacto matrimonial el día de la boda, nosotros en Cristo estamos completamente unidos con Dios. Somos SU pueblo, Él es nuestro buen Padre celestial y ha decidido revelarse por medio de las Sagradas Escrituras. El Señor en su gracia nos liberó de este mundo en el que nos encontrábamos como prisioneros. Ahora podemos caminar con gozo en el corazón porque SOMOS LIBRES.

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