“Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de la toda la tierra” Génesis 11:4

En el acontecimiento de la Torre de Babel apreciamos una vez más el orgullo y la dureza de corazón del ser humano. El hombre constantemente trata por todos los medios de levantar y edificar sus proyectos personales. El objetivo principal de los incrédulos es tratar de llegar hasta lo más alto sin contar con la ayuda ni la presencia de Dios.

Hemos de tener muchísimo cuidado porque nuestro corazón constantemente tratará de engañarnos para que terminemos levantando diferentes “torres de Babel”. No olvidemos nunca que la Biblia afirma que “Separados del Señor nada podremos hacer”. Todas aquellas torres que hemos o estamos edificando fuera de la voluntad del Señor en el momento menos esperado se derrumbarán y nos traerán terribles consecuencias.

La independencia y la rebeldía contra Dios siempre produce daño, dolor y confusión como precisamente le sucedió a la generación de Babel. Tras este acontecimiento tuvo lugar la mayor división de la historia de la humanidad debido a las diferentes lenguas que surgieron. Los proyectos personales que no tienen a Dios en el centro al final siempre producen división y caos.

No invirtamos recursos, esfuerzos y tiempo en levantar nuestras absurdas e insignificantes torres personales. No caigas en el error de edificar para la fama de tu Nombre, tu Reino y tu Voluntad, busca en todo momento la Gloria de Dios y dar a conocer el hermoso nombre de Cristo. Solo seremos felices edificando la Torre del Evangelio.