Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Génesis 27:8

Isaac y Rebeca no lo hicieron muy bien con sus hijos ya que cada uno tenía un hijo preferido. Esto probablemente produjo entre los hermanos celos, rivalidad y muchos conflictos. Justo en el instante más importante de la vida, cuando el padre debía entregar la bendición al primogénito, Rebeca ideó un plan para que el hijo menor ocupara ese lugar.

En este versículo vemos como Rebeca empleó su autoridad de una forma incorrecta, presionó a su hijo para que oyera su voz “su consejo” y lo obedeciera. La Biblia dice que los hijos tienen que OBEDECER a sus padres pero ese mandamiento tiene ciertos limites. Los hijos deben obedecer a los padres siempre y cuando los padres no manden o digan algo que vaya en contra de la voluntad del Señor.

La máxima voz de autoridad que tenemos siempre es la voz del Señor revelada en su Palabra. Todo consejo y toda orden que alguien de autoridad nos diga o nos imponga debemos filtrarla a la luz de las Sagradas Escrituras. Siembre debemos OBEDECER a Dios antes que a los hombres y esto en muchas ocasiones nos meterá en grandes problemas.

No cedas ante la presión de la sociedad, tus amigos o incluso tus propios familiares; escucha, confía y obedece plenamente a los sabios consejos del Señor. No oigas, ni obedezcas a las VOCES que se levantan diciéndote algo en contra de tu Dios y de su hermosa Palabra. Recuerda: es en el terreno de la OBEDIENCIA a la Palabra donde siempre se halla la Bendición.