Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. Génesis 30:1

Si dedicas unos segundos a leer el resto de este capitulo podrás comprobar el caos tan grande que llegó a tener Jacob con su familia. Movidos por el pecado y por motivaciones incorrectas comenzaron a levantar un hogar completamente dividido ya que todos sus hijos fueron engendrados por diversas mujeres. Todo esto comenzó por la “envidia” que conquistaba el corazón de Raquel. El pecado no confesado siempre produce más pecado.

Además esta mujer puso toda su identidad en la maternidad. Su meta y su máximo anhelo era tener un bebe en su vientre. Poco a poco fue cambiando la pasión y la adoración que solo merece el Señor por la adoración hacia los hijos.

Cuando no obedecemos al consejo del Señor obedecemos a la voz engañosa de nuestro corazón. Cuando no seguimos al Señor para saciar la sed de nuestra alma, nos desviamos en pos de los ídolos que siempre nos ofrecen mucho pero que al final nos lo quitan todo. Son muchísimas las personas que llegan a los pies de Cristo con vidas arruinadas, matrimonios quebrantados y familias tan desestructuradas como la de Jacob y Raquel.

Si deseas obtener paz en lo más profundo de tu ser no salgas del terreno de la obediencia, medita en cada consejo que Dios ha revelado a lo largo de todas las Escrituras. Camina tras la voz del Señor, aquel que es el buen pastor de tu alma y el que siempre te guía hasta los pastos de la bendición. Construye tu hogar sobre el fundamento de la Palabra y cuando vengan los vientos y los ríos permanecerás completamente firme.