Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyo y salió. Génesis 39:12

Como se suele decir, José durante muchos años iba de mal en peor. Sus hermanos lo arrojaron a un pozo, lo sacaron no para pedirle perdón si no más bien para venderlo a sus enemigos, lo llevaron prisionero hasta Egipto donde estuvo como esclavo en una casa y finalmente de manera injusta terminó en la cárcel cumpliendo una larga condena por algo que no había realizado. Pero lo más sorprendente es que la Biblia nos recuerda que en cada uno de estos terribles instantes “El Señor estaba con él”.

Frente a la insistencia y a la tentación de la esposa de Potifar, José podría haber cedido. Él sabía que si tenía relaciones con esta hermosa mujer probablemente nadie llegaría a saberlo. Pero José no pecó porque en su corazón tenía un gran temor hacia Dios. Solo cuando eres consciente que el  Dios que se encuentra en los cielos a la vez se encuentra a tu lado, contigo puedes decir: ¡¡NO!! al pecado.

Este joven fue tan presionado que incluso le quitaron toda su ropa. Probablemente el diablo lo arrincono y le enviaba terribles dardos a su mente mientras le susurraba a su oído: “hazlo, disfruta, eres joven, nadie lo sabrá, aprovecha esta oportunidad…”. En estos momentos de presión tan grande José hizo lo que todos nosotros debemos hacer ante las tentaciones ¡¡HUIR!!.

La palabra de Dios dice muy claramente ¡¡HUYE!! de las pasiones juveniles.

 

Cuando el diablo se acerque con sus bandejas de tentaciones lo único que tenemos que hacer es CORRER. No trates de ver cuanto puedes soportar, hasta donde puedes llegar, simplemente CORRE por tu alma, CORRE por la hermosa y delicada santidad, CORRE por amor al Señor que te observa. José realizó desnudo la carrera más importante de la historia de la humanidad. Cuando seas nuevamente tentado, que por cierto te garantizo que muy pronto lo serás, le pido al Espíritu Santo que clave en tu mente una palabra sencilla pero muy poderosa: ¡¡CORRE!!.