Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Génesis 46:3

Una vez más Dios salió al encuentro de Jacob el cual se comenzó a llamar Israel desde su paso por el valle de Peniel. Un hombre lleno de años y con pocas fuerzas recibió la dirección por parte de Dios y la visión para comenzar una nueva aventura. Este anciano con toda su extensa familia, con sus muchos trabajadores y con innumerable ganado debía realizar un largo viaje hasta las desconocidas tierras de Egipto.

Por medio de esta visión vemos tres detalles muy importantes. Dios le recuerda cual era su identidad. El que estaba llamando a Israel no era un cualquiera: “YO SOY DIOS” si Dios es Dios entonces él puede pedirnos lo que quiera y nosotros en todo momento tan solo tenemos que responder “heme aquí”. Somos sus siervos, él manda y nosotros obedecemos.

En segundo lugar, le dijo dos pequeñas, pero poderosas palabras: “No Temas”. El hombre, aunque se siente muy poderoso, pero realmente esta dominado por miles de temores. Tratamos por todos los medios de llevar las riendas y el control de nuestras vidas, pero todos luchamos con grandes temores por ese motivo el Señor constantemente por medio de su palabra nos recuerda que no debemos temer porque él camino con nosotros.

En tercer y último lugar le recordó el propósito que tenía para con su vida. Que triste es vivir sin un propósito, sin una dirección o una meta. Que triste cuando los objetivos de nuestra existencia giran alrededor de nuestro pequeño e insignificante nombre. Dios tiene un plan, un propósito y una misión grande, eterna y gloriosa. Aquellos que somos sus hijos ahora vivimos para que el nombre de Dios sea famoso y para que su Reino de Amor y de Paz conquiste cada vez más corazones.

No olvidemos nunca que Dios fue el que vino a buscarnos, es él quien viene con nosotros, esta a nuestro lado e incluso está en nosotros por medio de la persona del Espíritu Santo. Por ese motivo no debería haber lugar para el Temor porque si el Eterno y Todopoderoso es nuestro buen Padre de quien o de que temeremos. Finalmente continúa avanzando y dirige cada uno de tus pasos hacia los maravillosos planes y propósitos de Dios.