Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día. Génesis 48:15

Estas palabras son parte de la oración que Jacob realizó para entregar la bendición sobre su hijo José y sus nietos Efraín y Manasés. Al patriarca aun le quedaba aliento y un poco de fuerzas para colocar las manos sobre sus cabezas y pedir a Dios que los cubriera, sostuviera y prosperara el resto de sus días como hizo precisamente con él.

Jacob en su oración reconoció la fidelidad que Dios había tenido con él con toda su casa y con sus padres.  A pesar de que él conoció al Señor y fue transformado durante la noche que paso en el valle de Peniel, pero Jacob reconocía y agradecía a Dios por todos sus cuidados desde que se encontraba en el vientre de su madre.

Que hermosa manera de partir de este mundo hacía la tierra prometida. Que bueno sería poder concluir nuestros días rodeado de nuestros seres queridos siendo fieles al Señor hasta el fin. Como dijo el apóstol Pablo debemos pelear la buena batalla y correr hasta el final para disfrutar de la corona de la vida.

Trata por todos los medios de ser Fiel a Cristo como Cristo ha sido Fiel contigo, esfuérzate para que puedas pasarle el testigo de la FE a la siguiente generación. En este día y en el último que pases sobre la tierra, al igual que hizo Jacob cada uno de nosotros podemos mirar hacía atrás y ver como la bondadosa y misericordiosa mano del Señor ha estado sobre nosotros desde que éramos un embrión y nos formábamos en el vientre de nuestras madres.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad