Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Hebreos 3:7 y 8

Es increíble analizar la incredulidad, la rebeldía y la actitud tan negativa que tuvo la generación que Dios libró de la esclavitud en Egipto. Pienso que a lo largo de la historia no ha habido una generación que haya visto tanto la mano, los milagros y el poder sobrenatural de Dios como lo hizo el pueblo de Israel. A pesar de todo lo que vivieron y experimentaron, sus corazones seguían cerrados al Señor.

Aquí vemos como claramente el corazón del ser humano está completamente depravado, es rebelde y aborrece al Señor. De nada sirven las señales, los milagros y prodigios, si el Espíritu Santo no interviene transformando el corazón de piedra en una de carne. Podemos llevar años delante de la presencia de Dios participando y degustando de las bendiciones que hay en su casa y en su pueblo pero seguir con incredulidad en nuestro interior.

Necesitamos clamar a Dios para que tenga misericordia de nosotros y nos transforme de una manera radical. Y aquellos que YA somos hijos de Dios debemos luchar constantemente con la incredulidad que siempre trata de atrapar nuestra mente y nuestro corazón. Reprende a la incredulidad y aumenta tu Fe para que puedas OIR y OBEDECER la voz del Señor.

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