Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no: porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Hechos 10:13 y 14

Nos encontramos ante un momento crucial en la historia de la redención. La Gracia de Dios para con la humanidad se extendería mucho más. Durante el antiguo pacto para poder obtener la salvación debías pertenecer al pueblo de Israel o unirte a esa nación, pero justo en este momento todo eso cambiaría. Dios estaba abriendo la salvación a todas las razas, culturas y naciones pero Pedro tenía su mente anclada al pasado y no entendía este paso.

En ocasiones a todos nos puede suceder lo mismo. A veces nos aferramos a formas, tradiciones o maneras de hacer las cosas y caemos en el error de rechazar algo nuevo que Dios está realizando. Es importante que seamos flexibles y que tengamos una cosmovisión amplia del Evangelio. Si deseamos alcanzar a la generación del siglo XXI está claro que debemos crear puentes con nuestra sociedad. Tenemos el enorme reto de cambiar muchas de nuestras formas pero mantener intacto nuestro mensaje.

La mayor contradicción del texto es cuando Pedro dijo: “SEÑOR NO”. Estas dos palabras jamás pueden ir unidas, si realmente Cristo es el Señor de nuestras vidas nunca podemos decirle NO. Él es Dios, él es nuestro Señor, él pide y nosotros damos, él ordena y nosotros obedecemos. Abramos nuestra mente y nuestro corazón al mover de Dios para con nosotros, no nos aferremos a las formas o a las estructuras de los hombres, debemos aferrarnos solo a la palabra del Señor, a su voluntad y a la visión que él tiene para cada tiempo.

Dios desea ofrecer su salvación a otras muchas personas y para alcanzarlas vamos a tener que abrir nuestras mentes y hacer cosas que quizás nos van a costar pero si él realmente es nuestro Señor entonces le obedeceremos.