Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Hechos 14:22

Es muy importante que entendamos ests palabras. El cristianismo no es el camino ancho sino el estrecho. Cuando vienes al Señor no se te entrega una almohada sino una cruz. Seguir a Cristo te va a costar: es renuncia, esfuerzo, sacrificio y sufrimiento. Por supuesto que durante el recorrido vives momentos muy felices pero la verdadera realidad es que el Evangelio siempre produce sufrimiento.

El cristiano a este lado de la eternidad tiene que sufrir porque el mensaje del Evangelio es una locura para este mundo. Nosotros vamos a contracorriente con la sociedad y por ese motivo sufrimos. Nosotros condenamos aquellas prácticas que este mundo abraza, nosotros no vivimos en el libertinaje sino bajo el señorío de Cristo. Es cierto que vamos hacia el maravilloso Reino de Dios, pero hasta llegar allí, en el camino, vamos a encontrar muchas dificultades.

De la misma manera que el soldado cuando se alista en el ejército y va a la guerra sabe que le tocará sufrir, el verdadero creyente sabe y está dispuesto a sufrir por Cristo. Si hace tiempo que no sufres las consecuencias de ser cristiano simplemente es porque no estás compartiendo el Evangelio. Porque el mensaje del Evangelio produce rechazo, burla, persecución… La Biblia dice que si nuestro maestro sufrió por el Evangelio los discípulos también sufriremos.

Quiero ser muy claro por medio de esta reflexión: hacer la voluntad del Señor y ser fiel al Evangelio te hará sufrir, pero recuerda el final del versículo. Cuando por fin lleguemos a la meta nos espera la herencia, el cielo, el reposo, el gozo eterno, la compañía de Cristo y el abrazo del Padre. Los que viven disfrutando de los placeres de este mundo durante 70, 80 o 90 años luego sufrirán por la eternidad. Por el contrario, todos aquellos que estamos dispuestos a sufrir por Cristo reinaremos durante una eternidad.