Jeremías 23:1 “¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan a las ovejas de mi rebaño!, dice el Señor”.
Jeremías, fue elegido por Dios como profeta. Él, tenía la responsabilidad de hablar al pueblo el mensaje que le había sido dado directamente por Dios. Un profeta, jamás podía inventar o decir ni una sola palabra diferente a la que había recibido. Él, no podía dar su opinión y mucho menos decir algo que viniera de su propio corazón. El profeta, actuaba como un cartero. Él, simplemente tenía que hacer llegar el mensaje de Dios para las personas con total fidelidad. Debía compartir la palabra, aunque no gustase a los oídos de su sociedad, e incluso aunque su propia vida corriese peligro.
En estos tiempos, existían muchos falsos profetas y pastores que afirmaban hablar de parte de Dios, cuando eso no era cierto. Esto produjo daño, confusión y división. Estos ministerios, estaban destruyendo y dispersando a las ovejas del Señor. Dios, estaba realmente enojado y decidió derramar su juicio y castigo sobre los mentirosos que usaban en vano su nombre. Lamentablemente, miles de años después, debemos saber que, en nuestro mundo, siguen levantándose falsos profetas y maestros que incluso como dice la Biblia, tratarán de engañar a los escogidos de Dios.
En los últimos tiempos, habrá muchos falsos ministerios que dirán cosas falsas usando el nombre de Dios. Hombres y mujeres que no tienen temor en sus corazones, que solo buscarán fama y riquezas a través del mensaje del evangelio. Todos aquellos que ponen tropiezo a los hijos de Dios, deberían de saber que, algún día, se verán cara a cara precisamente con el Dios que ellos dicen que les está hablando y revelando cosas. Es importante que, en medio de tanto engaño y confusión, estudiemos en profundidad la palabra de Dios, para que todo lo que escuchemos, podamos analizarlo a la luz de las Sagradas Escrituras.