Jeremías 24:7

Jeremías 24:7 “Les daré un corazón para que me conozcan que yo soy el Señor; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque se volverán a mí de todo corazón”.
 
Esta profecía que Dios le dio a Jeremías sobre lo que sucedería con una parte de las personas de su pueblo, es, precisamente, lo mismo que sucede con todos aquellos que ahora somos creyentes. Al igual que los judíos estaban deportados en la ciudad de Babilonia y eran esclavos del rey Nabucodonosor, cada uno de nosotros, en otro tiempo, vivíamos en el mundo como prisioneros del diablo. Éramos pecadores, idolatras y enemigos del Señor, pero un día, la gracia de Dios nos alcanzó y nos transformó.
 
La salvación es del Señor. Es Dios el que a través de su Espíritu Santo, tiene que realizar el impresionante milagro de la regeneración. En el momento que una persona nace de nuevo, recibe un corazón con el que puede conocer a Dios. Necesitamos un corazón espiritual, porque nuestro corazón natural, está completamente depravado y afectado por el pecado. Debido a la condición en la que nos encontramos, no podemos creer ni obedecer a Dios. Es por ese motivo que necesitamos a un Salvador.
 
Nosotros que éramos extranjeros, ahora hemos venido a formar parte del pueblo y de la familia de Dios. Somos hijos de Dios desde ahora y para siempre, ya que la identidad de hijo no se puede perder. El Señor ha transformado todo nuestro ser. Ahora somos libres y no tenemos que adorar a los ídolos de este mundo. No dejes de recordar y de asombrarte cada mañana en todo lo que Dios hizo para buscarte, liberarte y salvarte.