Jeremías 35:15 “Envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde el principio y sin cesar, para deciros: volveos ahora cada uno de vuestro mal camino enmendad vuestras obras y no vayáis tras dioses extraños para servirlos, y viviréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres; pero no inclinasteis vuestro oído ni me escuchasteis”.
Cuando leemos con detenimiento la Biblia, podemos ver claramente la paciencia, la misericordia, el amor y la gracia tan impresionante que Dios ha tenido y tiene para con la humanidad. Desde Génesis hasta Apocalipsis, se nos muestra la bondad de Dios y el deseo que hay en su corazón de rescatar y salvar a su pueblo. Como dice el versículo, desde el principio y sin cesar, Dios ha estado enviando a sus siervos para que tanto el pueblo de Israel como el resto de las personas, se vuelvan al Señor. Pero los seres humanos no quieren rendirse y someterse a la voluntad de Dios.
El deseo de Dios, es liberarnos de los ídolos que nos esclavizan, bendecirnos y caminar a nuestro lado, hasta llegar a la tierra prometida de la eternidad. Nadie tiene un mejor plan para tu vida que el que tiene Dios, pero lo que sucede, es que, nuestro corazón es tan obstinado y estamos tan dañados por el pecado, que preferimos rebelarnos una y otra vez contra nuestro amado y fiel creador. Rechazamos a los profetas, rechazamos a Jesucristo, rechazamos a las personas que predican el evangelio, rechazamos a las escrituras y rechazamos al Dios Eterno.
La buena noticia, es que aunque la humanidad rechace una y otra vez al Señor, Dios no rechaza al mundo, sino que, por el contrario, lo ama y decide con su gracia vencer, conquistar y transformar los corazones de aquellos que formarán parte de su pueblo. Si eres hijo de Dios, celebra que el Señor ha transformado tu vida, te ha rescatado y te ha regalado formar parte de su enorme y maravillosa familia. Pero si aún no conoces a Dios, arrepiéntete de todos tus pecados y corre hacia Jesús el salvador de tu alma.
