Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás. Job 38:3

La recta final de la historia de Job no tiene desperdicio, es súper interesante, profunda y me atrevería a decir que incluso hasta graciosa. Job y sus amigos están reflexionando, debatiendo y dando cada uno su opinión sobre las cosas, cuando de repente Dios entra en escena para hacerle una especie de examen al hombre que está sufriendo en todas las áreas.

Durante varios capítulos el Señor desde el cielo bombardea con preguntas al pobre Job que no entiende ni sabe responder nada. ¿Te imaginas que en medio de tu aflicción el Señor te lanza algunas de estas preguntas? (por cierto te animo a que las leas).

Esta es una de las consejerías más raras de la historia de la humanidad, pero a la vez es la más efectiva que ha existido. Job lleva días, semanas y meses mirando su ombligo, sus circunstancias, todo lo que ha perdido a su alrededor y el Eterno viene con el propósito de levantarle la barbilla para que se pierda en la inmensidad del Dios hermoso y sublime. A través de cada pregunta Dios pretende revelarle a su siervo varios de los atributos que tiene el creador del mundo.

Solo podemos superar las etapas más difíciles de nuestras vidas levantando nuestra mirada hacia arriba y contemplando a Dios. Su poder, su perfección, su soberanía, su justicia, su Gracia, Amor, Misericordia, su compañía y cuidado en todo momento. El Dios que da vida, preserva y sostiene al universo y a todas sus criaturas segundo tras segundo, es tu Padre y te lleva en la palma de su mano.