He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del todopoderoso. Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; Él hiere, y sus manos curan. Job 5:17 y 18

Para que podamos entender las enseñanzas de este versículo debemos tener dos conceptos muy presentes: Dios es nuestro Padre y Dios es absolutamente Soberano. Los padres que realmente aman y se preocupan por sus hijos son aquellos que exhortan y disciplinan. Aquellos que por el contrario se ríen ante la desobediencia y el pecado de sus pequeños simplemente están malcriando a sus hijos y en el futuro recibirán el fruto de su negligencia.

Dios nos ama y tiene que disciplinarnos cuando lo ve necesario y conveniente. Siéntete bienaventurado y feliz no por ser disciplinado sino más bien porque tienes un Padre Celestial que te ama muchísimo y que pretende cuidarte.

En segundo lugar no podemos olvidar que absolutamente todo lo que nos sucede pasa ante la atenta mirada de nuestro Señor. Esto debe producir un verdadero descanso para nuestra alma. Dios es el que permite las heridas pero a la vez él es el médico que se encarga de sanarlas.

Como muchos sabemos “todo nos ayuda para bien”, por ese motivo podemos confiar en medio de la adversidad. Dios es nuestro buen Padre y él es Soberano. Disfruta de tu identidad y de esta realidad.