“¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” Jonás 4:11

El libro de Jonás finaliza con una pregunta sin responder. Dios arrinconó y apuntó al centro del corazón del profeta enojado. En este capitulo vemos como finalmente Jonás no celebró ni se alegró por la misericordia que Dios había tenido sobre los malvados ciudadanos de Nínive. A Jonás le importaba mucho más el estado de la calabacera que le daba sombra que la salvación de aquellos que eran sus enemigos.

Debemos quitar el Jonás que todos llevamos en nuestro corazón. En ocasiones podemos caer en el error de ocuparnos y preocuparnos más por nuestras “calabaceras” que por la salvación de las personas. A veces dedicamos el corto tiempo de nuestras vidas a obtener y acumular cosas terrenales y superficiales, y olvidamos que nuestro principal propósito aquí en la tierra es anunciar el evangelio y dar a conocer a Cristo.

Jonás odiaba tanto a los ninivitas que no deseaba la salvación de sus almas.
Nosotros también debemos pedirle al Señor que ponga amor y misericordia en nuestro interior para que podamos mirar con compasión a todos aquellos que en ocasiones los consideramos nuestros enemigos. Tengamos el mismo espíritu que tuvo Jesús y miremos a las multitudes como ovejas sin pastor.

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