“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar” Josué 14:11

Josué, a pesar de ser un anciano lleno de años, aún seguía contando con vitalidad, fuerza y pasión para servir al Señor. ¡Qué maravilloso es ver a cada uno de los ancianos que forman parte de nuestra iglesia siguiendo a Cristo en la recta final de sus días! Hombres y mujeres que han invertido y desgastado sus años predicando el glorioso mensaje del Evangelio.

Debemos cuidar, valorar y honrar a cada anciano que tenemos a nuestro alrededor. Aparta un tiempo para visitar y aprender de la experiencia y la sabiduría de estos hermanos los cuales han permanecido fieles a pesar de sus muchas luchas y dificultades. Oremos para que los ancianos de nuestra congregación continúen peleando la buena batalla hasta que lleguen a la meta. Sigamos el ejemplo de nuestros mayores y cojamos el testigo de Fe, amor y servicio que nos están entregando a la siguiente generación.

Si a través de esta breve reflexión el Señor trae a tu mente algún anciano que sea de inspiración para tu vida te animo a que puedas hacer una oración por él o por ella. También puedas enviar un mensaje, llamar o tener algún gesto de cariño hacia esa persona que tanto se ha esforzado por amor al Señor.