“Esta, pues, es la heredad de la tribu de los hijos de Judá por sus familias” Josué 15:20

Dios repartió toda la tierra conquistada por familias para que pudieran habitar seguros y confiados. Una vez más, podemos ver claramente la inmensa misericordia y fidelidad de Dios para con un pueblo que fue obstinado, desagradecido e infiel a lo largo de toda la travesía por el desierto.

Lo realmente maravilloso es entender que todas y cada una de las promesas que Dios realiza no tienen su cumplimiento cuando el hombre realiza su parte, las promesas de Dios tienen su cumplimiento gracias a la palabra que Dios ha dado, ya que Él no miente y no se arrepiente. Dios nunca nos da según nuestras obras, ya que si fuese así no tendríamos absolutamente nada.

De la misma manera que todas las familias finalmente obtuvieron su parcela en la tierra prometida, cada uno de nosotros, gracias a la obra de Cristo, tenemos completamente asegurada una extraordinaria morada en la eternidad. Aunque a veces no lo recuerdes e incluso a lo largo del camino tengas dudas, dentro de muy poco llegarás a la tierra prometida, y en aquel lugar maravilloso el Señor te entregará un lugar físico donde podrás habitar seguro y confiado.