“Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traída del Jordán”. Josué 4:8

Dios le pidió al pueblo de Israel que tomara 12 grandes piedras para levantar un altar al otro lado del Jordán. Esta acción tenía varios propósitos: principalmente, que el pueblo no se olvidara jamás de la fidelidad que tuvo el Señor por todo el desierto, pero también para que la siguiente generación conociera y tuviera muy presente a Dios.

De la misma manera, a lo largo de nuestras vidas, debemos ir levantando altares que nos recuerden la gracia, la fidelidad y la misericordia que el Señor ha tenido durante todo nuestro caminar. Los altares son experiencias reales que hemos tenido con Dios. Cuando se presentan circunstancias difíciles es muy importante detenernos para mirar hacia atrás y contemplar la fidelidad de Dios. Él nunca nos ha dejado, jamás nos ha abandonado. Por ese motivo debemos levantar altares que traigan ánimo, fuerzas y gozo a nuestros corazones.

También es importante que levantemos altares en nuestro recorrido para para que la siguiente generación no se olvide del Señor. Nuestros familiares, amigos y desconocidos deben escuchar nuestro testimonio para que vean que Dios es real y que Él ha caminado a nuestro lado en cada paso de nuestros desiertos. No dejes de mirar y de compartir los altares de tu vida para que el nombre de Dios sea famoso y glorificado en medio de tu generación.