“En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel”. Josué 5:2

La generación de israelitas que salió de la esclavitud de Egipto no estaba circuncidada. Dios había establecido y ordenado que todos los niños al nacer debían ser circuncidados ya que esa era la señal del pacto entre Dios y su pueblo. Una gran multitud de hombres tuvo que sufrir la circuncisión siendo adultos por no haber obedecido al Señor y a su palabra a su debido tiempo.

Por medio de este acontecimiento podemos ver una vez más lo importante que es OBEDECER al Señor en todo cuanto Él nos pide por medio de su Palabra. También podemos ver como nuestra desobediencia a su voluntad siempre produce sufrimiento y consecuencias. Las cosas que no cortamos en el momento que Dios nos dice, con el paso del tiempo son más difíciles de cortar y trae mucho más dolor a nuestro corazón.

Gilgal es un lugar que muestra el dolor y la consecuencia del pecado, pero también es un lugar que nos muestra la restauración y la consagración. El monte de Gilgal apunta hacia el monte del Calvario, fue allí donde cada uno de nosotros llegamos esclavos y prisioneros, fue en la cruz donde el Señor cortó con todo nuestro pecado y donde Dios circuncidó nuestro corazón marcándolo para siempre por medio de la maravillosa persona del Espíritu Santo.