“Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres” Josué 7:11

No somos conscientes de lo terrible que es el PECADO no confesado. Es como un cáncer oculto que avanza silenciosa pero rápidamente destruyendo todo lo que encuentra a su paso. El pecado de Acán afectó a todo el pueblo de Israel e incluso hizo que murieran 36 hombres inocentes. Algo importante y urgente que debes entender es que tu pecado me afecta a mi y mi pecado te afecta a ti. En el momento que ocultamos pecados dentro de una congregación, el Espíritu Santo se entristece y Dios deja de bendecirnos.

El cáncer hay que encontrarlo y tratarlo para eliminarlo. De la misma manera, la práctica del pecado hay que identificarla y tratarla cuanto antes. Si finalmente la persona endurece su corazón como lo hizo Acán, entonces sufrirá las consecuencias de la disciplina o incluso de la excomunión. Esto debe ser así de claro y radical porque está en juego la fama del nombre de Cristo, la gloria de Dios y la salud espiritual de toda una congregación.

No ocultemos nuestros pecados porque caminamos delante del Dios que nos VE. Acán tuvo tiempo, al igual que nosotros, para confesar nuestros pecados y disfrutar de la misericordia. Pero si callamos y seguimos vendrá la muerte espiritual sobre nuestros corazones. Recuerda que el que encubre sus pecados no prospera, pero el que los confiesa y se aparta recibe misericordia.