Juan 6:26 “Respondió Jesús: Estoy seguro de que me buscáis no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis pan hasta saciaros”.
En varias ocasiones Jesús alimentó a las multitudes multiplicando milagrosamente panes y peces. A través de esto, lo que sucedió fue que muchas personas comenzaron a buscar y a seguir a Jesús por intereses personales. Muchos no estaban interesados en oír sus enseñanzas y obedecer sus palabras, realmente no querían tener un Señor en sus vidas, tan solo deseaban tener a un salvador que les ayudara a resolver los problemas terrenales que todos tenemos en diferentes momentos de la vida.
Jesús, que conoce cada uno de nuestros pensamientos y las motivaciones profundas del corazón, los confrontó claramente. Él sabía que muchos tan solo estaban a su alrededor esperando pan gratis o algún que otro milagro que les permitiera ser un poco más felices. Lamentablemente esta escena nos recuerda la intención con la que muchos buscan al Señor. La gran mayoría de las personas claman a Dios para que Él les ayude, les bendiga, les realice algún milagro o les solucione situaciones complicadas. Incluso muchos cristianos también buscan a Dios con motivaciones incorrectas y egoístas.
Tenemos que buscar y seguir a Dios por quien Él es, no solo por todas aquellas cosas que nos puede dar. Si Cristo no es el Señor de nuestro corazón, entonces tampoco será el salvador de nuestra alma. Tenemos que tener mucho cuidado para no usar la oración como un medio para pedir todo aquello que nos conviene, anhelamos o necesitamos. Busquemos al Señor en primer lugar para adorarle y servirle por todo lo que ha realizado en nuestra vida. Agradezcamos a Dios cada día por su salvación y rindamos nuestra voluntad al señorío de Jesucristo.