“No tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé” Jueces 13:14

Nos encontramos ante el nacimiento del que probablemente fue uno de los jueves más famosos de aquella época, hoy estaremos reflexionando en el milagroso nacimiento de Sansón. Este hombre nació en el vientre de una mujer virgen y desde pequeño fue nazareo, él estaba apartado y consagrado para los servicios y propósitos de Dios. El voto nazareo consistía en dejar su cabello crecer, no tocar nada muerto y no probar el fruto de la vid.

De la misma manera que el nacimiento de Sansón fue algo sobrenatural, todos aquellos que somos hijos de Dios también nacimos de una manera sobrenatural por medio de la intervención soberana del Espíritu Santo. Cada creyente también es un nazareo de Dios. Hemos sido elegidos para servir y glorificar a Dios a través de nuestras vidas. En medio de este mundo tan corrupto cada discípulo de Cristo ha sido llamado para ser santo y estar apartado para Dios.

Los cristianos dejamos “crecer nuestro cabello” que representa la diferencia que tenemos que marcar en todos los sentidos con las personas de nuestra sociedad. Debemos cuidar nuestra manera de vestir, de hablar y de actuar. También tramos de “no acercarnos y tocar nada que este muerto”, esto representa al pecado. Debemos huir de la tentación y de las pasiones que tratan de manchar las hermosas vestiduras de nuestra santidad. Finalmente, “no probamos el fruto de la vid” esto significa que, por encima del vino, el dinero, el sexo y todos los placeres que nos ofrece este mundo nosotros encontramos en Dios nuestro deleite. Que hermoso privilegio ser escogido por Dios y para Dios.