“Así apartaréis de sus impurezas a los hijos de Israel, a fin de que no mueran por sus impurezas por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos” Levítico 15:31

Los órganos sexuales también producían impurezas sobre la propia persona que en algún momento tenía emisiones corporales. El semen o la menstruación fuera de su tiempo excluía al hombre y a la mujer de las ceremonias espirituales. Al menos debían estar apartados por una semana hasta que nuevamente quedarán completamente limpios y sanos.
Esta y otras muchas exigencias tenían como propósito principal enseñar y recordar a todos los israelitas la importancia y la necesidad de estar limpio para acercarse al tabernáculo y rendir culto a Dios. Sobre aquel lugar el Santo de los Santos, el Eterno Creador del Universo descendía con su presencia para tener relación y comunión con personas que estaban completamente depravadas y corrompidas por sus pecados. Por ese motivo Dios quería que todos cumplieran con las leyes ceremoniales.

Hoy día aunque podemos relacionarnos con Dios libremente gracias a la obra de Cristo y por medio del Espíritu Santo debemos ser conscientes que tenemos que seguir cuidando y guardando nuestro corazón para que no se ensucie con todas las cosas impuras que existen a nuestro alrededor. Al igual que sucedía con los israelitas en el tabernáculo nosotros cuando practicamos el pecado podemos perder el compañerismo con Dios. No dejes que nada ni nadie te aleje de la hermosa y dulce presencia de tu Señor y Salvador.

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