“Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por si, por su casa y por toda la congregación de Israel” Levítico 16:17

Todos los cristianos que hemos nacido desde la resurrección de Cristo hasta hoy no somos conscientes de lo afortunado y privilegiado que somos. Es cierto que las personas que caminaron durante el Antiguo Testamento pudieron ver con sus ojos acontecimientos y milagros sobrenaturales, pero ¿de que me sirve ver todo eso y a la vez estar lejos de Dios y no sentir jamás su presencia?

Este versículo dice clara y rotundamente que NINGÚN hombre podía entrar en el tabernáculo para adorar, orar y ofrecer sacrificios por sus pecados. Todo esto solo lo podía hacer Aarón y además una vez al año. ¿Te imaginas que solo pudieras acudir a la presencia de Dios una vez al año? Esta escena apuntaba claramente a la llegada del último gran sacerdote. Por medio de Cristo ahora todos nosotros tenemos acceso libre al trono de la gracia.

A diferencia de otras religiones nosotros afirmamos a la luz de las Escrituras que ya no tenemos que hacer obras, no debemos buscar a un intermediario ni tampoco pedirle a otra persona que interceda a Dios por nuestros pecados. Cristo es el UNICO mediador entre Dios y los hombres, Él por medio de su bendita y poderosa sangre ha cancelado todos nuestros pecados y ahora podemos habitar libres en la presencia de Dios todo el tiempo que queramos.
Medita en esta maravillosa noticia. Valora, disfruta y aprovecha mucho más la tremenda oportunidad de tener una relación intima con tu Padre Celestial.

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