“Nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado; tendrán esto por estatuto perpetuo para todas sus edades” Levítico 17:7

Los israelitas durante varios siglos fueron prisioneros de los egipcios. En esta nación practicaban el politeísmo (la adoración a diversos dioses). Dios habló claramente a su pueblo para que nunca más ofrecieran sacrificio a los ídolos de este mundo. Esto fue un mandamiento para todos los tiempos y las siguientes generaciones.

Debemos entender que toda idolatría es una especie de culto al diablo. La idolatría es una forma de cometer adulterio espiritual. Cuando adoramos y entregamos nuestros sacrificios que en nuestro contexto actual podría ser (dinero, tiempo, energías…) a los diferentes ídolos de este mundo, realmente estamos siendo infieles al Señor.

Dios nos ha librado del Egipto espiritual del que éramos prisioneros, Él ha cambiado nuestro corazón politeísta y ahora nuestra adoración debe ser solo y exclusivamente para nuestro amado Señor y Salvador. Los ídolos de este mundo te ofrecen y te prometen muchas cosas, pero al final te lo quitan todo y te dejan arruinado en la miseria espiritual. Guardemos nuestros corazones de los ídolos y entreguemos nuestras vidas al Dios que nos ha regalado la vida.